Es arduo convertirse en alguien. Más aún cuando, en el arduo proceso de individuación, uno se enfrenta a una sociedad dispuesta a percibirle a través de lentes que no siempre son acogedores. Una sociedad que no le enseña a uno a cuidar de sus partes o elecciones peculiares, precisamente aquellas partes y elecciones que le hacen a uno verdaderamente único.
¡Larga vida a las comunidades sensibles y resilientes que acogen y celebran la singularidad!











